Por: Libardo Muñoz
Ariadna Gutiérrez, la bella candidata de Colombia a Miss Universo, sufrió un episodio engorroso en el certamen realizado en Las Vegas, cuando, en una aparente confusión, el maestro de ceremonias leyó su nombre, como ganadora de la corona, que lució por unos cinco minutos, pues la escogida era otra.
Colombia entera seguía por televisión los detalles del concurso de Miss Universo, una empresa multimillonaria que mueve intereses publicitarios, en la que se manipula la fachada de la belleza femenina, para despertar en cada país un patriotismo hueco, que parece funcionar a la perfección en nuestras tierras.
Los escenarios de Miss Universo son escogidos con cuidado, deslumbrantes hoteles, balnearios de turismo de alta denominación que ofrezcan, así sea por una noche, una versión encantada del mundo actual, lo más alejada posible de los harapos y de la mendicidad que el capitalismo empobrecedor crea en los alrededores de esos mismos lugares.
Se trata de dar un cuento de hadas, incontaminado, en el cual las candidatas a Miss Universo, puedan definir su futuro con premios y contratos publicitarios por millones de dólares.
Esta vez, Miss Universo se realizó en Las Vegas, «La Ciudad del Pecado», un centro del juego en el que nunca se duerme, al que acuden millones de personas enloquecidas detrás del dinero en sus casinos montados por mafias que jamás detienen sus ruletas ni sus trampas que todo el mundo elogia como una gran cosa y en el que no hay espacio para el pudor.
El júbilo en Colombia pronto se transformó en indignación, cuando el conductor del espectáculo dijo que Miss Universo no era Ariadna sino una joven filipina la ganadora.
Sobre el maestro de ceremonias llovieron improperios. ¡Negro de mierda! fue el grito ahogado en las gargantas de los colombianos desde la intimidad de la salita del televisor. Las redes sociales no se hicieron esperar y hasta el Presidente Santos, que seguramente tenía lista una alocución para todo el país, se unió a las protestas. Su cuenta de twitter vibró.
¡Nos robaron la corona! una nueva frustración nacional recorrió en segundos valles y montañas, de costa a costa. Desde las capitales las cadenas de televisión entrevistaron a familiares de Ariadna que hacía enormes esfuerzos por salir con dignidad del bochorno que la agobiaba entre lágrimas mal ocultadas.
Los poderosos medios de radio y televisión en Colombia siguen apostándole a ese patriotismo falso que cada año recibe la inyección de certámenes como el que hasta hace poco, pertenecía a un siniestro personaje de la ultraderecha más tenebrosa de los Estados Unidos.
Miles de millones de pesos se facturan en la agobiante publicidad de esos minutos de televisión, entre un desfile y otro, a la Paz apenas le dedican escasos minutos entre una andanada de noticias sobre la delincuencia común y el «entretenimiento».
Estuvimos unidos por el concurso de Miss Universo por el mismo patriotismo falso que nos une cuando juega la selección Colombia y compramos la camiseta amarilla con el número 10, en cualquier semáforo.
Lo mismo ocurre con el concurso nacional de belleza de la admirada Cartagena, la Ciudad Heroica.
Así es, nuestro patriotismo necesita un argumento urgente que bien puede ser lograr y sustentar la Paz duradera con justicia social, que el trabajo honrado y productivo vuelva a reinar en ciudades y campos, que hagamos desaparecer la corrupción, que cese el paramilitarismo, que tengamos un ejército ocupado en la verdadera defensa de la soberanía nacional, por la recuperación de las riquezas de nuestro suelo y que seamos un país educado y con salud pública, con hospitales y colegios donde se construya el hombre nuevo.
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