Por Ibis Frade*
Caracas (PL) Con sus calles polvorientas bajo un sol implacable, casas humildes a cada lado del camino y gente desenfadada como es usual en esas tierras, Sabaneta de Barinas pudo ser como cualquier otro pueblo de los llanos venezolanos.
Pero no lo es: allí vivió uno de los más ilustres hijos de esta nación, esas callecitas lo vieron crecer y todavía muchos de sus habitantes recuerdan la bondad del niño y el carisma del hombre.
Hugo Chávez nació en Sabaneta de Barinas el 28 de julio de 1954 y se crió en una casa pequeña de apenas tres cuartos y un patio grande, que hoy tiene árboles históricos plantados por presidentes latinoamericanos.
El hogar de Mamá Rosa, la abuela querendona del líder, es el mismo de siempre: modesto con sus blancas paredes abre las puertas al visitante como un Museo aún en ciernes.
Desde allí salía el niño Chávez, con una bandeja repleta de dulces de lechosa (fruta bomba), las famosas «arañitas» de la abuela que vendía por todo el pueblo: «Arañas calientes pa’ las viejas sin dientes, arañas sabrosas, pa’ las muchachas buenasmozas».
Ahora la casa volvió al «entra y sale» habitual de aquellos años 50 cuando los hermanos la desandaban y Rosa Inés trataba de mantener el orden, pero las habitaciones están desprovistas de muebles y funcionan como salones de exposición con fotografías y objetos personales.
La vivienda fue durante un tiempo sede del Partido Socialista Unido de Venezuela, hasta que las autoridades locales decidieron convertirla en museo, y desde marzo de 2014 es Patrimonio Histórico-Cultural de la nación.
A unos pocos metros, se ubica el primer centro de enseñanza de los hermanos Hugo y Adán, remozado y ampliado resulta en estas fechas la Escuela Bolivariana Julián Pino.
Hace poco tiempo encontraron en la institución un viejo expediente con las evaluaciones de ambos y causó euforia. Guardado en una gaveta y tratado con sumo cuidado, el legajo de hojas amarillas espera por su restauración.
Muy cerca del colegio se levanta la iglesia Nuestra Señora del Rosario, donde Chávez fue monaguillo, y unas cuadras más adelante, el estadio de béisbol Francisco Contreras, testigo de su infancia pelotera.
Cada uno de esos lugares son puntos de referencia obligada en la ruta de Hugo Chávez en Sabaneta de Barinas, una de las novedosas atracciones promovidas en la Feria Internacional de Turismo de Venezuela (Fitven, 2014).
El árbol de camoruco, especie de planta emblemática de los llaneros situado a la entrada del poblado, da inicio el periplo. Unas calles después, hay murales gigantes en colores muy vivos para alertar al visitante que este no es un pueblito como otro cualquiera. Continúa la ruta con una visita al actual Centro de Educación Inicial «Mamá Rosa», en el mismo sitio en el cual antes había una modesta residencia donde conoció el mundo el pequeño Huguito.
Dice el investigador cubano Germán Sánchez, que para comprender mejor al Chávez hombre, debe conocerse al Chávez niño.
Precisamente, en su libro Hugo Chávez y la resurrección de un pueblo, quien fuera embajador en este país durante 15 años, ofrece claves sobre la infancia del primer dignatario socialista en Venezuela.
Era un niño rebelde, leal y enamoradizo, al que le encantaba cantar y jugar pelota, como él mismo contó en varias ocasiones.
De Sabaneta de Barinas son numerosas las historias narradas en Cuentos del arañero, libro que inicia en las propias raíces del mandatario, «en aquella casita de palma y piso de tierra, la vívida estampa de cientos de miles de hogares humildes de los pueblitos del llano venezolano» como aseguran sus autores Orlando Oramas y Jorge Legañoa.
El nacimiento de Chávez como líder vino después, en la rebelión cívico-militar del 4 de febrero de 1992, inicio de un proceso revolucionario en este país.
Cárcel, incomprensiones y hasta vituperios debió franquear antes de ganar las elecciones presidenciales de diciembre de 1998 y asumir el Gobierno al año siguiente.
Tras 14 años en el poder, con un proyecto basado en la inclusión social, el cáncer le arrebató a los venezolanos su gobernante más querido, el 5 de marzo de 2013.
Ahora su cuerpo descansa en el Cuartel de la Montaña, en la Flor de los Cuatro Elementos, obra del arquitecto venezolano Fruto Vivas, mientras todo un continente lo recuerda como uno de los grandes impulsores de la integración latinoamericana.
Los llaneros viejos dicen que su alma regresó a su poblado natal y miran con veneración los lugares donde vivió, los objetos que tocó y hasta la tierra que hollaron sus pies.
Sabaneta de Barinas -ubicada a 497 kilómetros de Caracas en el suroccidental estado de Barinas- pudo haber sido una localidad como otra de las tantas en los llanos venezolanos, pero no lo es porque allí nació el presidente que cambió el rumbo de la historia venezolana.
*Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela.
