
Por: Carlos E. Gaviria O||Esta semana queremos hacer referencia a una columna que apareció en el Espectador el pasado 10 de agosto y escrito por Diana Vásquez. En este artículo se confronta, por un lado, a la política gerencial que convierte a algunos directivos en dantescos y verdaderos sicarios en la educación y, por el otro, la realidad sobre la calidad de la educación en el sistema colombiano. Diana Vásquez ubica como causa de la precariedad de la educación y la desviación de la función del colegio en la sociedad a la tal llamada “prima de gestión” que reciben los rectores al final del año y que está condicionada a tres aspectos infames, como dice ella, que los directivos tienen que cumplir: Cobertura, la promoción y la retención.
La cobertura, dice ella, no es otra cosa que el hacinamiento de estudiantes; la promoción es una perversa condición que propicia que los estudiantes aprueben y se gradúen aunque no sepan nada, ni leer, ni escribir, ni sumar; Por último, mal llamada “retención” estimula la vagancia y a mantener a jóvenes infractores de ausentismo, trafico de psicoactivos y otros problemas que afectan a los demás niños.
Allí se explica la presión que ejercen algunos rectores a los consejos Académicos y directivos para tomar medidas que permitan cumplir estas condiciones aunque se degrade la calidad de la educación. De este modo, dice Diana Vásquez, los rectores a los que les interesa la “Prima de gestión” acaban con la disciplina y la buena calidad de sus instituciones; “Los directivos como los docentes merecen sueldos profesionales, pero que no estén sujetos a la degradación que constituye convertir dichos colegios en restaurantes, reformatorios, guarderías, reclusorios y otros que nada tienen que ver con lo que verdaderamente es la razón de ser de un colegio”.
Esta es una crisis que provoca el modelo y sumerge en la duda el futuro de los niños y niñas que asisten a dichos colegios. Esto no es simplemente una denuncia que se hace desde un Periódico nacional, sino un llamado más para que todos los actores del sistema y victimas del modelo neoliberal se sumen al debate. No es posible que a costa de un puñado de monedas nos acallen y juguemos con el futuro de la juventud del país, especialmente de las clases populares y humildes de Colombia. Diana Vásquez recuerda como hace tiempo los estudiantes de los distritales llegaban masivamente a las buenas universidades públicas, pero ahora es lo contrario: Estudiantes de buenos colegios privados y estratos altos se vienen apoderando de la Universidad Pública. Para esta columnista “es triste al panorama que condena a los estudiantes acostumbrados a un trabajo académico a ras de piso mientras a los rectores se les hace agua la boca con la mentada prima de gestión”.
Por supuesto que estos comentarios pueden traer algún resquemor e incomprensión cuando no se hacen desde la mirada científica, academia y con una pretensión de adelantar el debate sobre la educación y su calidad que plantea el modelo impuesto a sangre y fuego en Colombia, pero indudablemente alguien tiene que hacerlo. Todos somos parte del problema y todos pretendemos una mejor calidad de la educación, con docentes, directivos, instalaciones y políticas humanas y científicas que privilegien el conocimiento para el desarrollo de los sujetos, como miembros de la sociedad a la que pertenecen. La perversidad del enemigo está en la política Neoliberal inequitativa e injusta y tenemos todos que unirnos para cambiarla, para transformarla.
En la imagen, hacinamiento y escasez de pupitres. Los estudiantes se recuestan en la pared para evitar dolor de espalda.
Carlos E. Gaviria O. /pacocol.org
Voz educadora.
