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Caracas, 15 Ago. AVN.- En el proceso comicial del 15 de agosto de 2004 el pueblo venezolano, además de lograr una victoria popular en respaldo al comandante Hugo Chávez para que continuara su mandato, activó lo que hasta entonces fue una herramienta inédita de participación: el Referendo Revocatorio, establecido en la Constitución Bolivariana, aprobada también en consulta popular el 15 de diciembre de 1999. De esta manera, ser Jefe de Estado, en Venezuela ahora cobraba otro significado, porque el Referendo más allá de ser una elección, expresa la evaluación constante de la población a sus autoridades.

Tras una ardua organización popular y con el referente histórico de la Batalla de Santa Inés en 1859, la Revolución Bolivariana triunfó con 59% de los votos, es decir 5.800.629 electores dijeron NO a la revocación de Chávez, frente a 3.989.008 de personas que expresaron lo contrario. La participación en la jornada electoral fue de 69,92%.

«Extraño dictador este Hugo Chávez. masoquista y suicida: creó una Constitución que permite que el pueblo lo eche, y se arriesgó a que eso ocurriera en un referéndum revocatorio que Venezuela ha realizado por primera vez en la historia universal», expresaría en un artículo el reconocido escritor uruguayo, Eduardo Galeano, respecto a la satanización de Chávez por parte de los grandes medios de comunicación, que lo acusaban de autoritario en contraste con la realidad de un Gobierno que promovió desde sus inicios la participación de la población.

«Hasta ahora, los presidentes interrumpían su gestión solamente por defunción, cuartelazo, pueblada o decisión parlamentaria. El referéndum ha inaugurado una forma inédita de democracia directa. Un acontecimiento extraordinario: ¿Cuántos presidentes, de cualquier país del mundo, se animarían a hacerlo?. Y ¿cuántos seguirían siendo presidentes después de hacerlo?», agregaría Galeano, quien en su artículo titulado Extraño «dictador» este Hugo Chávez destaca que el ejemplo venezolano es una «tremenda inyección de vitaminas a la democracia».

Pero en Venezuela, la Constitución no solo establece la posibilidad de revocar el mandato del Presidente o Presidenta, sino que el Referendo -de acuerdo al artículo 72- puede ser aplicado a «todos los cargos y magistraturas de elección popular», transcurrido ya la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o la funcionaria.

De allí la importancia de las palabras del comandante Chávez, en la madrugada del 16 de agosto, frente a la multitud aglomerada en Miraflores ante el Balcón del Pueblo cuando dijo que en el Referendo en primer lugar había ganado la Constitución, como máxima ley garante de todos los derechos del pueblo, que en abril de 2002 había sido derogada por la oposición que ejecutó un golpe de Estado, derrotado 48 horas después por una rebelión cívico militar.

«Es importante reconocer y decir que esta victoria de hoy es una victoria en primer lugar de la Constitución Bolivariana. ¡Qué viva la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela! «, dijo Chávez, quien además -junto al Pueblo- entre diciembre de 2002 y enero de 2003 enfrentó un paro y sabotaje dirigido por quienes manejaban la cúpula de la industria petrolera del país.

Lejos de atacar a la oposición, el líder bolivariano resaltó también la participación de aquellos que votaron en contra de su continuidad en la presidencia «porque ellos tienen derecho a pensar distinto «.

Mecanismo novedoso

«Es un mecanismo novedoso, profundamente democrático que abre las puertas a un nuevo modelo democrático», exaltó Chávez aquella madrugada, explicando al pueblo que más allá del voto la Constitución promueve diversos instrumentos de participación.

Es mandato de la Carta Magna, hecha letra viva en Revolución, que mediante la figura del Referendo también se consulten al pueblo las enmiendas constitucionales y hasta la aprobación de algunas leyes.

Además en el artículo 70 se indica que «son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros».

En definitiva, el «extraño» dictador Hugo Chávez, en trabajo conjunto con el pueblo, inyectó vitaminas a la democracia: las leyes deben servir al pueblo y en caso de que no sea así, se activa el Poder Constituyente, lo que llamaría el poeta: los poderes creadores del Pueblo.