Barranquilla- Por: Robinson Claxton Castaño.
Jueves 07 de Noviembre de 2013. Desde temprano se escuchaban rumores insidiosos, desde las 07:40 de la mañana se escuchaban también los ecos del miedo por los caminos, galerías y colosos edificios de concreto de la Universidad del Atlántico. Aquello que aparecía como un imaginario temeroso retransmitido con preocupación y zozobra sería la realidad más apabullante con la cual despertaron nuestros campesinos, desterrados una vez más de sus tierras, una vez más esa enfermedad de los estúpidos peones que fuerzan las coincidencias en favor del tirano y saqueador. El turno fue para la franja Betjala, del Tamarindo. Con la más desgraciada impotencia se observó, junto con medios, defensores de derechos humanos, universitarios, a las milicias opresoras devastar con salvaje ahínco los cultivos, los ranchos, y toda la parafernalia material de la rudimentaria cotidianidad de un campesino colombiano. Una vergüenza de espectáculo el despojo auspiciado por una administración local cuyo slogan de gobierno dice que “Barranquilla florece para todos…”
Ciertamente triste, muy triste. La bestialidad en su máxima expresión que, por supuesto, ha sido nutrida por los más ciegos adeptos de la neoliberalización y conspiradores de la desterritorialización, los mismos organizadores del hambre que reparten el marketing pomposo y rimbombante del auge industrial y económico de la ciudad de Barranquilla, pero en contraste desdeñan con el más repulsivo desagrado a los humildes campesinos, que por si fuera poco en su mayoría están en condición de desplazamiento. Seguir escribiendo estos sucesos tan deshumanizantes confunde los ánimos, les enseñaré el rostro de esta tragedia, el ESMAD ocupó las tierras junto con agentes de la Policía Nacional, destruyendo todo rastro de permanencia ante las miradas impasibles, arguyendo que eran ordenes de la Alcaldía.
En el Tamarindo han habitado unas 120 familias dotadas de un admirable amor por la vida, la tierra, la dignidad y el trabajo. Campesinos que tienen cultivos de maíz, plátano, yuca, mango, batata, habichuela, tomate, arroz, ají, piña, auyama, entre otros, además de crías de aves y cerdos. Estos cultivos y actividades son la base de la economía de estas familias, en su mayoría víctimas de desplazamiento forzado, procedentes de Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena, Santander, que durante 12 años han labrado y trabajado estas tierras de manera incansable. Tamarindo es un predio que queda ubicado en los límites entre Galapa y Barranquilla en el Departamento del Atlántico, una zona rural que cuando empezó a ser poblada pacíficamente por nuestros campesinos estaba enmontada, y que ellos mismos fueron limpiando y acondicionando.
Existe una desafortunada coincidencia de intereses del sector privado sobre los predios que ocupan las comunidades con el proyecto carreteable denominado Ruta del Sol como también la declaración de un área de 1.200.000 metros cuadrados como Zona Franca Internacional del Atlántico, ZOFIA, destinando a los predios “Cuba”, “Tamarindo” y “Lote 4″ a ser parte de la Zona de Infraestructura de Soporte para el Desarrollo (ZISD) y la zona de producción, establecidas según el plan parcial ZOFIA como zonas de expansión urbana y de construcción de obras de infraestructura. El “Lote 4” es un lote contiguo a “Tamarindo”, pero que se funde en un pasado y presente común con este, campesinos de ambos predios cooperan y luchan unidos.
