cartagebera-en-la-guairaBAJAMOS A LA GUAIRA Y, MIRANDO HACIA LA VÍA CONTRARIA, LE DIGO AL FOTÓGRAFO: “ELLA ES”. LA SEÑALO. ELLA SE RÍE. NUESTRA BREVE HISTORIA JUNTOS ESTÁ A PUNTO DE COMENZAR

20/10/13.-“¡Déjame llamar a mi mamá!”, me dice ella. “Bueno, llámala”. Autopista Caracas-La Guaira, en dirección a Caracas. Sin duda, es menor de edad. Estamos justo antes de la estación de gasolina donde antes quedaba el peaje. Ella saca un teléfono de los inteligentes, modelo 2010, por ahí. “¡Ay, mami!, escucha. Aquí hay una revista que quiere hacer como un documental de nosotras las conserveras y quiere entrevistarme a mí —la mamá no oye y ella repite todo lo que le dijo—. No, no, es una revista, un periódico. Sí, para que yo salga. A mí me da pena, yo le dije a Jennifer. ¡Ah!, bueno —me mira, con cara triste—. Mi mamá me dijo que no”.

Le pregunté su edad y me la dijo. Que de dónde era y también me dijo. Que dónde vivía y me dijo: “¡Ah no, vale! Tú me estás entrevistando”.

Jennifer se acerca. El movimiento de sus caderas tiene el vaivén perfecto para que la bandeja llena de conservas esté a salvo de cualquier cosa. Tiene 30 años.

—¿Eres casada?

—No, ahorita estoy divorciada.

—¿Cuándo te pusiste ese piercing?

—¡Uf! Hace cuatro años.

—¿Te dolió?

—No, no me dolió (risas).

Vende conservas y besitos de coco, una en 20 y tres por 50. Aprendió a hacerlas. La llaman por teléfono y la entrevista se interrumpe. Termina de hablar.

—¿En qué estábamos?

¿te acuerdas?

—Sí me acuerdo, y que en dónde vivía.

—¿Dónde vives?

—En Catia, Nuevo Horizonte.

—¿De qué hora a qué hora trabajas?

—Bueno, siempre salgo casi a las nueve de la mañana. Y me voy… a las seis, los días de semana. Fines de semana, a veces nos vamos tarde, diez, once de la noche.

—¿Cuántas bandejas vendes?

—¡Una! Pero trae bastantes unidades.

—¿Cuántas?

—¡Uf! Más de 400.

—¿Cómo aprendiste el equilibrio?

—¡Ah!, eso fue rápido. El ensayo fue rápido. No duré ni el mes. Practiqué con el rollete, caminaba normal, sosteniéndola primero y, después, la solté.

—Eso que tienes en el pelo, ¿qué es?

—Extensiones. Son de Colombia, ¿oíste? Tradicionalmente, como las mismas conservas. Las conservas vienen de allá, son tradiciones de los colombianos. Yo aprendí de ellos, donde yo vivo hay muchos colombianos, tengo familia en Colombia.

—¿Eres chavista?

—¿Chavista? Sí. Pero…

En ese momento, un vehículo se detiene. “¡Me voy a vender!”, me dice mientras se aleja y se acerca un poco al carro. La entrevista se interrumpe de nuevo.

Mientras Jennifer Rojas vende, hablo con la muchacha, pero sin entrevistarla. Desde aquí se ve el mar y un pedazo de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Maiquetía. Me dice que las playas de Cartagena son más bonitas que las de La Guaira. Hablamos el momentico que duró su compañera vendiendo las seis conservas: 100 bolos. Al fotógrafo y a mí nos hicieron un descuento y, con el permiso de Carlos Cova, “mientras escribo” disfruto una, de verdad, deliciosamente dulce conserva de coco.

Jennifer regresa. Seguimos.

—¿Has ido para Colombia?

—No, no he ido. Voy muy pronto, para noviembre.

“Si dios quiere”, me dice después. “Buen viaje”, le deseo. Va de visita a Cartagena.

—Ajá, estábamos hablando de política.

—Ajá.

—Estábamos hablando de Maduro.

—Ajá.

—Bueno, dile a Maduro que, por favor, la comida no se consigue (risas). ¡No se consigue nada!

Aquí discutimos un poco. Le hablo de la guerra económica que, precisamente, tiene por objeto culpar al gobierno de esta escasez programada. La historia del derrocamiento de Salvador Allende deberíamos saberla todos. Maduro se la sabe. Algo me dice que a la orilla de la subida hacia Caracas, entre las playas de Cartagena y las de La Guaira, no cabe introducir este tema. “Bueno, tampoco es que no apoyo a Maduro”, me afirma con una sonrisa.

—Si viene Maduro, ¿tú le haces un descuento?

—Sí, yo les he regalado a los escoltas de él aquí, cuando estaba Chávez. Hubo un tiempo que nos quisieron sacar de aquí.

—¿Quiénes?

—La Guardia y la mariquera. ¿Y qué dijo Chávez? Chávez se paró aquí, yo me acuerdo: “No se metan con mis negras”. Él lo dijo. Y aquí estamos. Yo tengo 13 años vendiendo aquí en La Guaira.

—¿Y a quiénes les regalaste conservas?

—A los escoltas de Maduro, un día que lo bajaron para allá y se pararon aquí a echarme los perros. Yo les he regalado conservas a ellos. Y cuando Chávez, que estaba inaugurando aquí en Tacagua, nosotros le llevamos bastante dulce a Chávez, ¿oyó?

—¿Tú quieres a Chávez?

—¡Coño!, ¿no lo voy a querer?… no joda. El que no lo quiera, no joda…

A Jennifer, cuando se ríe, unos huequitos se le forman en los cachetes. Se lo digo, se ríe y pasa la tristeza. Le recomienda a Maduro que no le haga caso al “estúpido de Capriles”.

Hora de volver a Caracas. Las despedidas de rigor, las sonrisas perfectas de las dos. La esperanza intacta.

“Gracias por tenerla en cuenta a una”, me dice, despidiéndose, la muchacha que le dio pena hablar y que su mamá no le dio permiso. “Una le echa bola a esto, ¿oyó?”.

 cartageneraPOR GUSTAVO MÉRIDA
FOTOGRAFÍAS JONATHAN MENDOZA

Fuente:http://www.ciudadccs.info