Bogotá, 29 ago (PL) Miles de personas se desplazan por diversas puntos de Bogotá en unas 15 marchas pacíficas en apoyo al paro nacional agrario y popular, cuyo impacto se siente en toda Colombia.

Los manifestantes pintan graffitis en las paredes, portan pancartas y piden al unísono al ritmo de las cacerolas que se larguen las multinacionales que están acabando con el campo. «Estamos en paro porque todos somos agrodescendientes», gritan los jóvenes.

Rechazamos los Tratados de Libre Comercio, si los campesinos luchan, nosotros luchamos con ellos. Queremos tener una Colombia digna, libres de toda corrupción, afirmó a Prensa Latina Bryan Espitia, de la Universidad Autónoma.

Desde horas tempranas se concentraron en varias partes de Bogotá y otros municipios aledaños obreros, maestros, mineros, médicos, campesinos, sindicalistas y organizaciones sociales para converger en la céntrica Plaza de Bolívar. Gran parte de la capital se encuentra paralizada.

«Queremos chicha, queremos maíz, multinacionales fuera del país», «Esta es la rebelión de los excluidos, únanse al baile de los que sobran», son algunos de los carteles con el que los manifestantes piden cambiar las políticas económicas impulsadas por el Gobierno.

Paralelamente a las movilizaciones permanecen apostados en las vías en otros 16 departamentos sectores agrícolas que piden una gran mesa de concertación en la que estén presentes todos los gremios.

Les pido a todos los que quieran protestar cordura, mucha cordura, afirmó en un comunicado la víspera el presidente Juan Manuel Santos, que por primera vez en sus tres años de Gobierno enfrenta una manifestación de esta magnitud, según especialistas.

En una alocución hoy a la nación Santos admitió que el país está atravesando una tormenta por las jornadas de protestas.

Mientras tanto, luego de 80 horas de conversaciones, el Gobierno sigue intentando llegar a acuerdos con los campesinos de Boyacá, Cundinamarca y Nariño.

Las marchas se expanden por todo el país desde Bogotá, a Cali, Medellín, Tunja, Ibagué, y el paro, según los propios campesinos, va para largo.