Ottawa, 31 oct (PL) El número de canadienses dependientes de los programas públicos para alimentarse aumentó en 31 por ciento en el último lustro, aunque el país reporta avances sólidos en la economía tras la crisis financiera de 2008.

Solo en marzo pasado más de 882 mil personas acudieron a centros de ese tipo, lo cual representa un incremento de 2,4 por ciento respecto al año anterior, según el informe anual de los Bancos de Alimentos, que recogen productos imperecederos de comercios, empresas o particulares para repartirlos a los necesitados.

De esa cifra, 93 mil canadienses recurrieron por primera vez a instituciones donde elaboran, sirven o distribuyen comida gratuita.

«Teníamos la esperanza de que empezaríamos a ver una reducción de la demanda, pero ese no es el caso», dijo a periodistas Katharine Schmidt, directora ejecutiva de Bancos de Alimentos de Canadá.

Manitoba e Isla del Príncipe Eduardo son las provincias con los mayores incrementos.

Los niños y jóvenes constituyen el 38 por ciento de los usuarios de los bancos de alimentos, principalmente los que provienen de hogares con bajos ingresos económicos, familias monoparentales o de comunidades indígenas.

Para revertir esa situación, el informe recomienda al Gobierno invertir en viviendas más asequibles para garantizar que la población no se vea obligada a elegir entre pagar el alquiler o comprar alimentos.

También aboga por mejorar la educación y la formación de las nuevas generaciones, así como aumentar las pensiones de los ancianos para que puedan mantenerse por encima del nivel de la pobreza.