Caracas, 22 Sep. AVN.- María de Jesús Venero Tovar es una venezolana que vive en el estado Barinas, madre de seis jóvenes, y gracias a la Misión Sucre es «licenciada por partida doble».
A los 48 años de edad, logró tener dos títulos universitarios: uno en Educación Especial y otro en Educación Integral, y ahora presta sus servicios como educadora a varias comunidades en el municipio Arismendi.
María cuenta que a los 16 años de edad obtuvo su título de bachiller, «pero nunca pude seguir estudiando; mis padres no tenían recursos para pagarme una universidad, me puse a trabajar, me casé y luego me dediqué a las labores del hogar».
«Esa era mi vida, o eso pensé, pues como una persona de escasos recursos ese era nuestro destino, pues así nos lo hicieron creer aquellos gobiernos», agrega.
Con la llegada de la Misión Sucre, «todo el destino al que nos habían acostumbrado los gobiernos de AD y Copei se frustró. Ahora el pueblo, las personas pobres se educan, se forman, son profesionales. Las misiones han sido la mano amiga del pueblo venezolano».
Rosalba Hernández, de Portuguesa, es también un fiel ejemplo de los resultados positivos de las misiones: «Soy beneficiaria de la Misión Ribas, he aprendido bastante y me gusta mucho lo que he aprendido. También mi familia y yo hemos recibido beneficios importantes de las misiones, sobre todo de la Misión Barrio Adentro».
Señala que en defensa de todos esos beneficios hoy participa, al igual que la señora María, en una marcha que va desde Plaza Venezuela hasta Plaza Oleary, en Caracas.
A esta cita también asistió Niria Berengel, del estado Bolívar, beneficiaria de la Misión Robinson: «Las misiones son nuestras gracias al socialismo, y no nos las dejaremos quitar. No nos engañarán. La oposición cree que mintiendo, que diciendo que ‘van a mejorar’ las misiones el pueblo estará con ellos, que se vayan bajando de esa nube. Ellos creen que harán milagro con escapulario ajeno».
