Caracas, 1 sep (PL) La eficaz y rápida respuesta de las autoridades ante el grave incidente ocurrido en la refinería de Amuay y las afectaciones provocadas por la lluvia en varias partes del país, marcó la semana en Venezuela
Intensas lluvias, derivadas de las afectaciones al país del paso del huracán Isaac por las cercanías del territorio nacional en su viaje por el mar Caribe, azotaron diversas zonas de Venezuela, con especial impacto en el nororiental estado Sucre.
Las precipitaciones fueron particularmente fuertes en el municipio Montes de ese estado, donde la población del poblado de Cumanacoa sufrió graves daños por la crecida del río Manzanares.
La acción de las autoridades no se hizo esperar y tras un recorrido del presidente, Hugo Chávez, por la zona, comenzó a llegar la ayuda masiva de alimentos y recursos al lugar, con el apoyo decisivo de la Fuerza Armada.
Al mismo tiempo, el mandatario asignó una partida presupuestaria para construir nuevas viviendas para las familias que perdieron las suyas y para reconstruir las que resultaron dañadas, entre otras medidas.
Algo similar ocurrió, pero en mucha mayor magnitud, tras la explosión y el subsiguiente incendio de tres tanques de combustible el pasado sábado en la refinería de Amuay, en el estado Falcón, que provocó 42 muertos, 131 heridos y serios daños materiales en las instalaciones de esa industria y en viviendas y comercios de las barriadas aledañas.
El impacto de ese trágico incidente fue de carácter nacional y el gobierno reaccionó con medidas a la altura de de las circunstancias, lo que neutralizó los intentos de la oposición política y mediática de utilizarlo en su beneficio, con la mira puesta en las elecciones del 7 de octubre próximo.
Desde un primer momento estuvieron en la refinería el vicepresidente ejecutivo del gobierno, Elías Jaua; el ministro de Petróleo y Minería y presidente de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa); la titular de salud, Eugenia Sader; el ministro de Defensa, general Henry Rangel, y otros altos funcionarios.
El propio Chávez recorrió el lugar del siniestro para supervisar las labores de extinción de los incendios en los tanques, visitó a los heridos en los hospitales y recorrió los barrios afectados, donde habló con numerosas familias afectadas.
Cuando aún salía humo del último tanque apagado, fueron entregadas las primeras 60 viviendas a las familias que perdieron los lugares donde vivían como consecuencia de la explosión y el resto previstas se adjudicarán en breves días.
Pero lo más importante fue la aprobación de un fondo para financiar la concesión de pensiones a los familiares de los fallecidos y para la reparación de todas las viviendas y locales comerciales que pudieran ser reconstruidos.
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