Lima, 5 jun (PL) A un año de haber sido elegido al frente de un movimiento de izquierda y centro, el presidente de Perú, Ollanta Humala, enfrenta hoy dificultades sociales y políticas de consecuencias difíciles de prever.
El exoficial del ejército se impuso el 5 de junio de 2011 en una segunda vuelta, con el apoyo de fuerzas progresistas y de centroderecha, a la conservadora Keiko Fujimori, con una promesa de cambio, moderada para ganar votos en la segunda ronda.
Un año después, Humala enfrenta contradicciones con sectores sociales y políticos que lo apoyaron y suma respaldos inclusive entre el fujimorismo, por mantener los lineamientos de la política económica de sus antecesores, entre otras causas.
Las protestas ambientalistas contra transnacionales mineras en las regiones andinas de Cajamarca y Cusco y la respuesta de fuerza dada a la segunda, precipitaron ayer las renuncias de tres parlamentarios a la bancada oficialista, que reprochan al mandatario el incumplimiento de lo prometido hace un año.
El jefe de Estado pareció aludir esos conflictos en un acto público en el que afirmó que los «extremistas» son enemigos del desarrollo y la Gran Transformación, proyecto de cambio que los disidentes afirman ha sido incumplido.
«La Gran Transformación la vamos a hacer así les guste o no a los extremistas. La cumpliremos de manera firme sin sobresaltos, sin miedo, sin violencia, sino unidos, trabajando juntos, trabajando por el pueblo, no interpretando lo que quiere el pueblo», dijo Humala.
Añadió que «construiremos el Perú de manera firme y juntos» y que «no es tarea fácil construir lo que otros pretenden destruir».
«Muchos creen que la Gran Transformación solo son palabras; la Gran Transformación son hechos», señaló en aparente crítica a los renunciantes.
Entretanto, el presidente regional (gobernador) de Cajamarca, Gregorio Santos, dijo en una concentración en el sexto día de un paro general contra el proyecto minero Conga, que el gobierno apoya, que cuando el presidente no cumple su palabra el pueblo lo destituye.
Añadió que el pueblo ecuatoriano cesó a los presidentes Lucio Gutiérrez, Jamil Mahuad y Abdalá Bucaram porque mintieron y Bolivia sacó también a Gonzalo Sánchez de Lozada.
Políticos conservadores reclamaron acusar judicialmente a Santos de sedición, pero los juristas Luis Lamas y Christian Donayre descartaron que haya delito en sus palabras, pues no ha incitado a acciones violentas contra la autoridad.
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